Vino natural uruguayo; hecho en Atlántida, departamento de Canelones. A 10km del Río de la Plata, suelos que parecen de piedra laja o pizarra, el viento atlántico que llega desde el sur lejano gélido ventila y hace posible esa aventura, además del espíritu viñerón de Pablo Fallabrino que hace vino natural en su Viñedo de los Vientos y demuestra que en Uruguay se puede.

Tannat fresco de terroir. Huele a tierra y fruta negra pero fresca. Ahí de donde viene es territorio de pino y eucalipto y se hacen asados con leña de monte, coronilla. Lo amargo del mate, el crujiente de la carne asada y de los yuyos como la carqueja, como me indica Pitu Roca, que pudo comprobarlo todo al visitar Uruguay y el Viñedo de los Vientos.

Los uruguayos somos amargos en este sentido, antropológico, del gusto. Los uruguayos somos Tannat y punto, sin intervenciones que lo distorsionen. No somos Malbec ni Carmenere. Somos Tannat.

Limpio fresco aromático sano sin intervención química que te pegue un tiro en la cabeza, demuestra que en Uruguay se hacen muy buenos vinos que tienen un lugar en el menú degustación del Celler de Can Roca.

Pablo Fallabrino demuestra que Uruguay es presente y futuro de vinos artesanos con nivel top. Sus vinos, como los de Braccobosca, deberían ser el Norte de la viticultura charrúa.

Muchas gracias por hacerme volver a mi querida Atlántida a los asados en familia al verano salado y la niñez irresponsable. Ahora bebo este vino en el Mediterráneo desde la primavera a punto de cuajar en verano y ¡cómo extraño!

Con el vino podemos hacer esos viajes proustianos que renuevan el cuerpo y certifican el alma.

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