Nada ni nadie es algo sólo por decirlo; ni el Partido Popular ni Ciudadanos serían partidos de Centro si nos atenemos a las políticas que implementaron como aliados de hecho mientras gobernó el Partido Popular y que tuvieron por consecuencia el aumento de la desigualdad para todos los españoles menos para un 10% que se benefició. Y menos si pensamos en el flamante gobierno tripartito en Andalucía, suma de las dos derechas más la ultra derecha de VOX perpetrado más por el ansia de borrar del mapa autonómico todo rastro de los 30 años de gobierno del PSOE que pensando en la mejora real de la vida cotidiana de los ciudadanos andaluces. La política de las bajas pasiones.

La idea de Centro político se hace difusa. Puede ser intentar acortar desigualdad todo dentro del mercado nada fuera, incluidos los bienes y servicios fundamentales; hacer realmente todo lo posible. Pero en estos tiempos de mensajes eficientes y vacuos del “dilo simple”, corre grave peligro de ser secuestrada y vejada durante su cautiverio, mientras la idea de izquierda a secas se extingue, dejando de tener espacio en el imaginario político social tan vapuleado.

¿Puede ser útil pensar la idea de Centro político por lo que no es; por su ausencia y la índole del vacío que provoca? Por ejemplo, el informe de Intermón Oxfam sobre la distribución de la riqueza en el mundo, publicado el 22 de enero de 2018 concluye que el 1% de la población del planeta acumula y gestiona el 82% de la riqueza que esa población genera.

Ese mismo 22 de enero de 2018 todos los medios se hicieron eco y en España, el periódico conservador El Mundo publicaba que los más ricos han pasado a controlar más de la mitad de la riqueza en España gracias a la crisis; mientras que el independiente eldiario.es titulaba que el 10% más rico de la población española concentra más riqueza que el 90% restante.

La desigualdad en la distribución tiene como consecuencia en cascada el deterioro de la salud y el bienestar públicos; y afecta la calidad de una sociedad, lo que se entiende por su competitividad frente a otras y respecto de si misma; España sigue siendo en términos colectivos un generador de trabajadores pobres, con empleos de baja calidad cuando no basura, que expulsa sin parar individuos súper cualificados a los que no imagina cómo retener.

La siembra de miedo a todo en forma de bombas de mentiras en racimo en campaña electoral, también provoca estados agudos de estrés social y por tanto un deterioro en la calidad de vida de los ciudadanos pero también en la calidad de la convivencia entre ciudadanos. No imagino a Maquiavelo auto definiéndose de Centro. Si el fin justifica los medios y ahora también los miedos, dale con todo, pero esta no es una estrategia “centrada”.

Así el estado de la distribución de la riqueza, es imposible afirmar que se viva bajo el imperio de ideas y prácticas de Centro. Estos datos son de una extrema dureza; una extrema desigualdad y una extrema violencia. Y son en extremo criminales, porque son en extremo evitables; aunque está claro que no es fácil y es arriesgado porque el gestor político que lo intente, corre el riesgo de perder su trabajo.

Y esto no es baladí. Lo saben todos por experiencia. Retener el gobierno para el partido que lo ocupa, es más fácil o menos difícil que ganarlo o recuperarlo. Y de estar en el gobierno y consolidar alianzas sólidas con poder real de maniobra depende que haya políticas económicas más sociales o más de mercado.

Todos los ciudadanos sabemos que nuestras vidas son el arte de lo posible; sin embargo buscamos políticos súper héroes y les pedimos lo que no damos nosotros en privado. Esto, por un lado es correcto, porque no viven bajo las mismas reglas que nosotros, empezando por las condiciones de sus contratos de trabajo.

Pero por otro quedamos todos atrapados en un guión más propio de Avengers, the endgame que de una conversación sensata, el tan mentado como ausente seny catalán, para recuperar la vivencia de la política como la actividad en la que los ciudadanos ocupamos un lugar fundamental, si hablamos de Democracia.

Seguramente será merecedor de político de centro o política centrada aquel proyecto político que tienda al difícil equilibrio entre hacer lo mejor para la mayoría y hacer lo mejor para conservar y aumentar poder.

Tal vez un poco de mindfulnes, tan extendido hoy entre la población para calmar la ansiedad de vivir como vive, sería una herramienta eficaz y al alcance de la mano del gestor político, para crear principios de realidad y tener siempre un pie a tierra, reservándose una hora al despertar y otra antes de ir a la cama, para preguntarse y responderse ¿por qué, para qué y para quién estoy haciendo lo que hago? Y no olvidarlo por el camino.


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1 comentario

  1. El “centro” como metáfora: estoy en el centro, por lo tanto no estoy en los bordes o en los márgenes. “Busca tu centro”, “céntrate”, nos dicen. Es la equidistancia, el equilibrio. En sociolingüística leemos mucho a Lakoff, autor de No pienses en un elefante. El lingüista analiza cómo el discurso político instala en nuestro “aparato” cognitivo nociones muchas veces tramposas, como en este caso el polisémico vocablo “centro”, q nos conduce a un lugar “aséptico” (esto lo digo yo). Las metáforas inundan nuestro lenguaje cotidiano y Austin diría que sí, que al nombrar creamos, “hacemos” (Cómo hacer cosas con palabras). Suárez, Fraga y Aznar se han definido como centristas. “Vota centro” decía la campaña de Suárez. Engañan, pero sus palabras pueden ser “mágicas” (Bourdieu), cuajar, si el ciudadano no es crítico, y tragamos ranas. ¿Existe el centro político? Austin diría que sí (creo) porque se pueden hacer cosas con palabras. Pero es discutible.

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