Así estamos. Los asuntos se suman y los pobres no tenemos recursos para gestionarlos. Mientras me caliento armando argumentos para desmontar el mito de la legalidad en España, nace un nuevo monstruo, Harvey Weinstein. Mientras me caliento montando argumentos para decir que el machismo en todos los grados sigue vigente y que todas las mujeres lo sufrimos, arden de manera criminal Galicia y Portugal, uno de los pulmones de Europa. Mientras pienso lo que escribir y cómo reaccionar frente a ese tema que afecta a mis amigos del alma, viñerones artesanos, que viven de su trabajo, mientras pienso en el territorio natural arrasado y en la barbarie humana, me llama el gestor para hablar de números en plena campaña de declaración del IVA. Mientras intento, en Barcelona, trabajar un poquito, y seguir predicando que de esos territorios ardidos vienen de los mejores vinos que se hacen en Europa y en el mundo, resultado de una riqueza natural y cultural muy potente, me topo con fronteras mentales hoy por hoy inexpugnables, las peores. And so on…

Entonces paré. Vuelvo a hacerme cargo de mi vida recuperando una enseñanza de la universidad de la calle: hace muchos años vivía en el Raval. Bajaba cada partido de fútbol importante al Vale de Meira, el bar de los gallegos pegado a casa y me arrimaba a alguna mesa de veteranos… me gusta comentar las jugadas… En un clásico Barça-Madrid, la peña comenzó a levantar temperatura y a discutir fuerte, hasta que uno de ellos, el sabio del grupo les dijo “uds. discutan, enférmense, que ellos se hacen ricos”.

Use them. Don’t get used by them.

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