Jordi Sanfeliu es un agricultor nato. Podría ser uno de aquellos personajes de la película de José Luis Cuerda, Amanece que no es poco, si no fuera porque los de 4Kilos se avisparon antes.
Domina casi 100 hectáreas de tierra de las cuales 16 son viñedos de trepat, tempranillo, garnacha blanca, garnacha tintorera, garnacha peluda y plantas que crecen salvajes en el contorno de los viñedos y él las deja en observación.
Es agricultor como sus padres y sus abuelos y tiene dos hijas por descendencia, lo que inevitablemente lleva a la pregunta de cuánto les tira el campo. No mucho por ahora, tal vez a la pequeña más. Y qué harás si la cosa no les va por ser mujeres de campo siglo XXI. Nada. La vida viene como viene y lo que ellas decidan, así será.

Jordi sale al campo a jugar y a experimentar. Habla con la misma dedicación de las lentejas, el trigo, las viñas, los cerezos, y los olivos y el aceite que le roban la mitad del corazón. Y por si faltara algo o hubiera peligro de aburrimiento, tiene un huerto claro para consumo propio con tomates, patatas, acelgas, garbanzos, ajos, cebollas, pimientos, del que saca lo que haga falta para la cena.

Se convirtió al cultivo ecológico hace 15 años pero en realidad lo ha practicado desde siempre y no exagero si les digo que él es un ser vivo más dentro de su ecosistema.  Y parte de la salud de este ecosistema es que el que es acaso uno de sus integrantes clave nunca cedió a la tentación del crecimiento rápido, de los créditos fáciles y de las subvenciones nefastas, sabidas que son pan para hoy, hambre para mañana.

No era la primera vez que visitaba las tierras de Sanfeliu. Las conocí volviendo del Petit Comité de Madrid. Había sido un palizón de viaje y Jordi estaba como nuevo. Josep Garriga, Claudio y yo estábamos de cama, lo que en absoluto conmovió a Jordi que nos subió a su camioneta y nos hizo una visita guiada que nos dejó con la boca abierta. Yo me sentía como Al Pacino en la tercera parte de El Padrino, sintiendo “no hay caso, cuanto más fuerza hago para salirme, más fuerza hacen para que me quede”. Y me sentía injusta y sin capacidad de encontrar la energía que merecía aquella demostración de fuerza tranquila.

Ahora al volver sabía que toda planificación de tiempo por mi parte sería inútil y me relajé. Fuimos con Marc, socio en las aventuras del vino, sin ofrecer resistencia alguna, lo que supuso vivir en plenitud la perfección del momento. La voz serena de Jordi fue la encargada de dar historia a aquellas tierras mientras podíamos asistir a una verdadera muestra de Land Art, con los colores del verano a las ocho de la tarde. Las lentejas amarillas, las vides verdes y exuberantes, los cerezos que hasta hace una semana estaban a tope, los desniveles de las parcelas peinadas en todos los sentidos. Y un manzano lindero con el vecino al que le pidió permiso para adecentarlo y así poder comer manzanas los dos.

Como todo, según parece, en la vida natural de estos campos y su amo, lo de hacer vino llegó por una corazonada. Jordi da el siguiente paso cuando se siente en condiciones y hace unos pocos años sintió que quería hacer vino con su trepat procedente de agricultura ecológica.

Y lo hizo y un tempranillo. Son vinos institivos, respetuosos, no pretenciosos y con luz interior. Si estás enamorado, refuerza la pasión y si buscas que alguien caiga sinceramente y para siempre en tu red, bebe su rosado como pócima de amor. Pero también de amor fraterno.

La dulce red de Jordi Sanfeliu nos envolvió y nos quedamos a cenar en su casa, previo paso por el huerto a recoger un portento de calabacín. Cuando llegamos a Tárrega eran las once menos cuarto de la noche y yo pensé que con justa razón, Feli de Felicidad, su mujer, estaría enfadada teniendo que hacer de anfitriona, con el calor que hacía, de otro más que viene con las cuestiones del vino.

Para nada! Pa amb tomàquet, all i oli, una amanida super fresca y un jamón de los buenos, una terraza alta y con brisas, vino frio y de porrón, la familia Sanfeliu y una conversación como de toda la vida, nos llevaron dulcemente hasta las cuatro de la mañana, en que decidimos interrumpir, de modo arbitrario, el estado de viglia.

Ahora me vienen a la memoria unos versos de la artista brasileña Adriana Calcanhotto especulando con la idea artística de la antropofagia proponiendo devorar a su artista admirado, Caetano Veloso…
vamos comer Caetano
pela frente
pelo verso
vamos comê-lo cru
vamos comer Caetano
vamos começá-lo
vamos comer Caetano
vamos revelarmo-nos

Jordi Sanfeliu es un artesano y cada vez que comamos y bebamos sus creaciones, devoraremos salud.

Moltes gràcies company i salut!

Únete a la conversación

12 comentarios

  1. Siempre he pensado que los vinos de Jordi Sanfeliu eran muy intuitivos, desde que probé ese primer tempranillo de 2007, con un punto de carbónico que, en ese momento, me dejó desparramado. Su intuición, como bien describes, nace de la tierra misma, comos los hacedores de 4 Kilos: nacido de la tierra para devolver a la tierra si dignidad perdida. El futuro es suyo y ese trepat así lo demuestra. Sólo tiene que poner un poco más de base a su intuición (ya lo decía Einstein: la ciencia, los descubrimientos, avanzan gracias a la intuición. Pero después llega el estudio y los codos, el aprender todos los recovecos del oficio. Sin las dos cosas no hay grandes vinos posibles. Y Jordi está en ese camino. Sólo de ver lo bien y bonitas que lucen las cepas, ya se nota…
    Joan

  2. Joan dices “poner un poco más de base a su intuición”. Estoy de acuerdo y creo que para esto hay que hacer valer mejor los encuentro en ferias, salones, etc, entre viticultores. Porque ahí se dedican muchos recursos y esfuerzos y a veces esa energía se dilapida. Quiero decir que sería bueno que estos productores / filósofos / artesanos hicieran experiencias de trabajo con otros que ya van más avanzados y aprender; deberían intercambiar más experiencia y menos adjetivos. Esto lo sentí claramente cuando fui a FIVE en Pamplona, un gran esfuerzo de los enólogos navarros por encontrarse entre los que hacen cultivo ecológico, pero luego hubo muy poca interacción, excepto la informal, entre viticultores.
    En el sentido de la viticultura y la creación de vino que hacen los artesanos como Jordi, me parece que con solo pasar al lado francés de los Pirineos ya habría muchísimo que aprender. Y sin ir tan lejos el otro día Jordi me comentaba lo bien que veía lo que hacían Dominik y Ebben en Terroir al Límit.
    salut Malena

  3. Un reportaje delicioso, he podido casi tocar una finca que nunca he visto pero que puedo sentir cada vez que hablo con Jordi o bebo sus vino.

    Malena, hay una bonita playa, rosado de Sanfeliu y buen sabor de boca tras leer tan bonito reportaje, que más se puede pedir.

    Saludos

  4. Que bueno David! De esto se trata! Siempre que catamos, bebemos y disfrutamos con los que hacen el vino que nos gusta tenemos la clara sensación del privilegio. Con estos perfiles de personajes pretendo, desde mi propia experiencia, acercar a las personas, los estados de ánimo, las vibraciones que contornean y hacen los vinos que amamos. Si ha tenido este efecto en ti, que te voy conociendo también en tu rigor, siento que la misión está cumplida. Y aunque todavía tengo el paladar de café del domingo por la mañana, puedo evocar la frescura de este rosado de trepat de este hombre que fluye en la vida que es Sanfeliu:)
    Un abrazo David y seguimos en la ruta de los artesanos…

  5. Gracias Alfredo! Así es Jordi. Juega callado porque está concentrado en lo suyo, con ánimo generoso por supuesto. En lo personal creo que es una guía espiritual que hay que tener muy muy en consideración. No es el primer maestro con el que me encuentro en el correr de la vida. Tampoco se encuentran muchos. Jordi es uno. Deberíamos aprovecharlo todos los que estamos a su alrededor. Un abrazo Alfredo y a ver si podemos decir, hasta pronto:)
    Malena
    ps: ¿cómo van tus tierras, tus plantas y tu, vigneron?

  6. Pingback: ¡Muchas gracias!
Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *